Quiero seguir contándoos recuerdos muy lejanos en el tiempo. Os quiero contar como era mi barrio, bajo mi punto de vista infantil y adolescente. Lo primero que veía, nada más salir del portal era la plaza con muchos árboles, donde jugaba con mis amigos (y alguna vez amigas) a todos los juegos posibles. Detrás de la plaza, formada por cuatro bloques de poca altura, estaban los patios traseros, también con árboles, donde hacíamos nuestro particular tren de la bruja, ya que tenía dos esquinas cada patio, eran dos.
Seguidme por mi barrio, cuando cruzaba una calle estrecha, que para mí separaba mi casa del barrio, lo primero que me encontraba de frente era un lavadero, que más tarde sería cochera de la E.M.T y por último un colegio. A los lados, un boulevard por donde paseaba casi todo el barrio, entonces pueblo, al otro lado una calle con varias tiendas, una lechería, una bodega, una carbonería y una tienda de gallinejas y entresijos. Me acuerdo de estas tiendas porque tuve que ir a ellas a hacer muchos recados para mi madre y a la tienda de gallinejas a por cinco pesetas de entresijos, entraban más, te lo servían en un cucurucho.
Pero volvamos al boulevard, verdadero eje de la vida de mi barrio, donde algunos años ponían las atracciones de la feria, y al final del paseo, como era conocido el boulevard, había un cine de siempre y otro de verano, donde ponían la kermes o baile popular. Enfrente de estos había una pastelería muy famosa entre los chico y chicas, donde comprábamos milhojas para mancharnos de nata.
¡Se me olvidaba! A medio paseo, estaban unos billares y una tienda pequeñita de chucherías, cosa que en mi adolescencia me parecía maravilloso, poder jugar un par de veces al futbolín y salir y comprarte una bolsa de pipas, todo ello con cinco pesetas y salir a pasear detrás de las chicas.
Más adelante, con trece años, comencé con mis amigos a comprar cigarrillos sueltos en los billares, valían una peseta tres cigarrillos sin filtro o bien uno con filtro.
También recuerdo que había un establecimiento, el cual llevaba la señora Engracia y sus dos hijos, cerca de la tienda de golosinas, donde podías cambiar los tebeos o jugar una quiniela, yo iba principalmente a cambiar tebeos, los cuales me gustaban mucho, sobre todo los de superhéroes y Mortadelo y Filemón. Me costaba cambiarlos una peseta y cincuenta céntimos, dos reales como los llamábamos.
Seguidme por mi barrio, cuando cruzaba una calle estrecha, que para mí separaba mi casa del barrio, lo primero que me encontraba de frente era un lavadero, que más tarde sería cochera de la E.M.T y por último un colegio. A los lados, un boulevard por donde paseaba casi todo el barrio, entonces pueblo, al otro lado una calle con varias tiendas, una lechería, una bodega, una carbonería y una tienda de gallinejas y entresijos. Me acuerdo de estas tiendas porque tuve que ir a ellas a hacer muchos recados para mi madre y a la tienda de gallinejas a por cinco pesetas de entresijos, entraban más, te lo servían en un cucurucho.
Pero volvamos al boulevard, verdadero eje de la vida de mi barrio, donde algunos años ponían las atracciones de la feria, y al final del paseo, como era conocido el boulevard, había un cine de siempre y otro de verano, donde ponían la kermes o baile popular. Enfrente de estos había una pastelería muy famosa entre los chico y chicas, donde comprábamos milhojas para mancharnos de nata.
¡Se me olvidaba! A medio paseo, estaban unos billares y una tienda pequeñita de chucherías, cosa que en mi adolescencia me parecía maravilloso, poder jugar un par de veces al futbolín y salir y comprarte una bolsa de pipas, todo ello con cinco pesetas y salir a pasear detrás de las chicas.
Más adelante, con trece años, comencé con mis amigos a comprar cigarrillos sueltos en los billares, valían una peseta tres cigarrillos sin filtro o bien uno con filtro.
También recuerdo que había un establecimiento, el cual llevaba la señora Engracia y sus dos hijos, cerca de la tienda de golosinas, donde podías cambiar los tebeos o jugar una quiniela, yo iba principalmente a cambiar tebeos, los cuales me gustaban mucho, sobre todo los de superhéroes y Mortadelo y Filemón. Me costaba cambiarlos una peseta y cincuenta céntimos, dos reales como los llamábamos.
Marrupe

Grande (como nos tienes mal acostumbrados) ese paseo por el boulevard y por el barrio, por la infancia y la adolescencia. Abrazaco.
ResponderEliminarAntes era mas pueblo, ahora mas barrio
EliminarPues parece que lo estaba viendo y paseando contigo por ese barrio de la infancia. ¿No será Vallecas? Yo vivía por los bulevares cerca del Puente. Me han gustado mucho tus recuerdos.
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