El 1 de julio de 1987 aterricé en el aeropuerto de Madrid, Barajas. Aquel día no fui consciente de que mi vida no iba a ser la que era.
Entre septiembre y Navidad me di de narices con la dura realidad. Yo traía unos estudios muy básicos para este nivel. Pretendía encontrar trabajo, ganarme mi sustento y seguir con mis planes de futuro. Pero la realidad fue bien distinta, no encontré trabajo. Las cosas no fueron en la dirección deseada y planificada. Por no encontrar, no encontré ni un fisioterapeuta en Vallecas. Consciente de que mi vida no iba a ser la que era comencé a rebelarme. Pensaba que en una ciudad más pequeña la vida me iría mejor. Quería irme a Orense con mis primos gallegos. Pero mis padres ya se habían acomodado en Madrid y no les convencí.
Luego encontré a un señor jubilado que se llama Luis de Cos Jaering. Vivía en la Avenida de América. Allí aprendí con mucho tesón y esfuerzo el español. Pensaba que ya lo sabía, pero no era así. Ni yo entendía, ni la gente me entendía.
Luego encontré a un señor jubilado que se llama Luis de Cos Jaering. Vivía en la Avenida de América. Allí aprendí con mucho tesón y esfuerzo el español. Pensaba que ya lo sabía, pero no era así. Ni yo entendía, ni la gente me entendía.
Llegaron a decirme cosas como: "¡Vuélvete a tu país!", a meterse con mi físico o a llamar sinvergüenzas a mis padres porque creían que estábamos viviendo de gratis. Lo creía un vecino de mis tíos, menos mal, que estaba el padre de mi tía delante y fue él quien sacó la cara por nosotros. Le llamó sinvergüenza y le pidió que se callase. Aquel día yo aún no hablaba bien español y con los nervios no supe contestarle. Mi madre no consideró contestarle, porque aquel hombre no nos conocía de nada. Todo lo que dijo de nosotros se lo estaba inventando.

Tiene que ser difícil,empezar de la nada,en un país extranjero
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