De pequeña tenía una amiga que se llama Isabel. Vivíamos en la misma casa. A pesar de nuestras diferencias éramos como Pili y Mili. Siempre estábamos inventado fechorías. Una vez jugando acabé en el hospital, porque Isa me dio tal patada en la pantorrilla que la pierna se me hinchó tanto que parecía una barra de pan. Isa se dio cuenta de que me había hecho mucho daño, bajó corriendo a por sus padres para que me llevarán al hospital. Al final por suerte fue cosa de poco. Mi amiga nunca más me hizo nada físicamente.
Más adelante, siendo adolescentes, nos dejaron ir solas a la feria. Era nuestra primera vez. A las doce se acababa el transporte. Nos lo pasamos tan bien que se nos fue la noción del tiempo. Perdimos el último tranvía y nos tocó bajar a la ciudad andando. Una vez allí desde una cabina telefónica, llamamos a su padre para que fuese a por nosotras.
A mí no me regañaron, pero a Isa le cayó la del pulpo con el consabido castigo.
Más adelante, siendo adolescentes, nos dejaron ir solas a la feria. Era nuestra primera vez. A las doce se acababa el transporte. Nos lo pasamos tan bien que se nos fue la noción del tiempo. Perdimos el último tranvía y nos tocó bajar a la ciudad andando. Una vez allí desde una cabina telefónica, llamamos a su padre para que fuese a por nosotras.
A mí no me regañaron, pero a Isa le cayó la del pulpo con el consabido castigo.
Veli

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