Mi casa tenía la dirección: Plaza de Puerto Pontón nº 3, 1º Izqda. Me separaban del bajo, es decir, de la plaza donde jugaba, 15 escalones. Lo recuerdo porque los contaba a medida que los saltaba; primero tres, luego cuatro, cinco, y al final seis, los únicos que no saltaba eran los tres que hacían curva.
Mi casa tenía tres habitaciones, donde dormíamos, en una los cuatro hermanos, en otra las dos chicas, y en la otra mis padres. Un comedor donde solíamos hacer la vida, donde a partir de 1969 veríamos por primera vez la televisión en casa. Mi programa infantil era Los Chipiritiflauticos, que lo veía mientras merendaba. Recuerdo también que durante las comidas los hermanos jugábamos a ponernos motes, o simplemente nos fastidiábamos, sobre todo los domingos, cuando nos juntábamos a comer toda la familia, en torno a una mesa-camilla grande, en la que me escondía debajo el día que emitían una serie que me daba verdadero miedo; también recuerdo los sábados por la tarde, una vez al mes, iba a cortarnos el pelo a los chicos un señor, que era guardia civil, que cortaba el pelo a domicilio, para sacarse un dinero extra, imagino que sueldo no sería muy alto.
La televisión se estaba convirtiendo en el electrodoméstico de la casa, aunque mi madre seguía conservando su vieja radio donde escuchaba sus radios novelas y algún otro programa, ya que la televisión no emitía todo el día.
Al poco tiempo el número de la familia aumentó en dos personas más, mi abuela materna y mi tía se vinieron a vivir con nosotros, al morir mi abuelo.
Después estaba la pequeña cocina, donde los domingos calentaba agua para bañarnos a mi hermana pequeña y a mí, nos desnudaba, nos ponía de pie en un barreño grande de cinc y nos bañaba, los otros ya eran mayores, en aquella época, para mostrar sus partes más íntimas. Más tarde llegarían la ducha y el calentador.
Y por último estaba el baño, un lugar diminuto, que ahora lo pienso y digo ¿Cómo nos apañábamos, siendo diez?
Mi casa tenía tres habitaciones, donde dormíamos, en una los cuatro hermanos, en otra las dos chicas, y en la otra mis padres. Un comedor donde solíamos hacer la vida, donde a partir de 1969 veríamos por primera vez la televisión en casa. Mi programa infantil era Los Chipiritiflauticos, que lo veía mientras merendaba. Recuerdo también que durante las comidas los hermanos jugábamos a ponernos motes, o simplemente nos fastidiábamos, sobre todo los domingos, cuando nos juntábamos a comer toda la familia, en torno a una mesa-camilla grande, en la que me escondía debajo el día que emitían una serie que me daba verdadero miedo; también recuerdo los sábados por la tarde, una vez al mes, iba a cortarnos el pelo a los chicos un señor, que era guardia civil, que cortaba el pelo a domicilio, para sacarse un dinero extra, imagino que sueldo no sería muy alto.
La televisión se estaba convirtiendo en el electrodoméstico de la casa, aunque mi madre seguía conservando su vieja radio donde escuchaba sus radios novelas y algún otro programa, ya que la televisión no emitía todo el día.
Al poco tiempo el número de la familia aumentó en dos personas más, mi abuela materna y mi tía se vinieron a vivir con nosotros, al morir mi abuelo.
Después estaba la pequeña cocina, donde los domingos calentaba agua para bañarnos a mi hermana pequeña y a mí, nos desnudaba, nos ponía de pie en un barreño grande de cinc y nos bañaba, los otros ya eran mayores, en aquella época, para mostrar sus partes más íntimas. Más tarde llegarían la ducha y el calentador.
Y por último estaba el baño, un lugar diminuto, que ahora lo pienso y digo ¿Cómo nos apañábamos, siendo diez?
Marrupe

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