En un pueblo que quizás no aparece ni en el mapa de mi país. Un sitio de nombre Cariamanga, al sur de Ecuador. Recuerdo de niña en la finca de los abuelos donde nos reuníamos la familia.
Se comentaba que el Viernes Santo, aprovechado la muerte de nuestro Señor Jesucristo, el demonio salía de paseo y que en determinados sitios de la finca se veían como fogatas y era el lugar dónde estaba escondido algún tesoro, que esa noche era propicia para desenterrar lo que nuestros antepasados habían escondido; pero que había que saber qué ritual se había utilizado para esconder la olla llena de oro. Algunos decían que eran afortunados, que les aparecía en el camino el ladrillo de oro, pero que al llevarlo los gases que emitía dicho tesoro los mataban enseguida, con lo cual, otra vez seguiría el tesoro en la tierra. En ciertas ocasiones la persona que lo encontraba lo dejaba en su sitio e iba sacando poco a poco lo que tenía dicho tesoro.
En una ocasión un tío de mi Padre comentó que regresando del pueblo, por la noche, en medio de la carretera vio una sombra, como una especie de fantasma. Se comentaba que en esa zona siempre aparecían fantasmas. Él, como era una persona valiente, lanzó una piedra y resulta que era un burro que estaba durmiendo, por lo que nos decía que no hay que tener miedo.
Como nos reuníamos bastante familia mis primos mayores eran bromistas, mientras los pequeños nos acurrucábamos, alguno de los mayores se ponía una sabana y aparecía como un fantasma; pero no solo nos asustaba a los pequeños, sino que se iban al camino, que siempre había algún borracho que pasaba por allí, y al ver eso del susto se le quitaba la borrachera.
Al siguiente día veíamos, que en algunas partes de la finca, había huecos que habían hecho en busca del tesoro.
Por las noches, teniendo en cuenta que no había luz, nos iluminábamos con el fuego, con la luna y mecheros; mientras los adultos charlaban, los pequeños jugábamos; pero llegaba un momento en que nos sentábamos junto a ellos para escuchar las historias de tesoros.
Se comentaba que el Viernes Santo, aprovechado la muerte de nuestro Señor Jesucristo, el demonio salía de paseo y que en determinados sitios de la finca se veían como fogatas y era el lugar dónde estaba escondido algún tesoro, que esa noche era propicia para desenterrar lo que nuestros antepasados habían escondido; pero que había que saber qué ritual se había utilizado para esconder la olla llena de oro. Algunos decían que eran afortunados, que les aparecía en el camino el ladrillo de oro, pero que al llevarlo los gases que emitía dicho tesoro los mataban enseguida, con lo cual, otra vez seguiría el tesoro en la tierra. En ciertas ocasiones la persona que lo encontraba lo dejaba en su sitio e iba sacando poco a poco lo que tenía dicho tesoro.
En una ocasión un tío de mi Padre comentó que regresando del pueblo, por la noche, en medio de la carretera vio una sombra, como una especie de fantasma. Se comentaba que en esa zona siempre aparecían fantasmas. Él, como era una persona valiente, lanzó una piedra y resulta que era un burro que estaba durmiendo, por lo que nos decía que no hay que tener miedo.
Como nos reuníamos bastante familia mis primos mayores eran bromistas, mientras los pequeños nos acurrucábamos, alguno de los mayores se ponía una sabana y aparecía como un fantasma; pero no solo nos asustaba a los pequeños, sino que se iban al camino, que siempre había algún borracho que pasaba por allí, y al ver eso del susto se le quitaba la borrachera.
Al siguiente día veíamos, que en algunas partes de la finca, había huecos que habían hecho en busca del tesoro.
Marieta

Una historia muy bonita,no conocía tu faceta de escritora,me alegro mucho
ResponderEliminarMadre mía, qué miedito dan estas historias de fantasmas. A mí no se me quitaría la borrechera, pero del susto me daría un infarto. Jajaja.
ResponderEliminarLo que más me gusta de tu escrito es el recuerdo tan bonito que tienes de estar reunida con toda tu Familia. Gracias por compartir esta vivenvia.
Enhorabuena es una historia de tu infancia muy bonita y tierna
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