Era una niña normal y corriente. Lo que me dio fue a los 17 años. Yo estaba tranquila, con las amigas haciendo BUP. Por mucho que quería me costaba sacarlo y alguna me quedaba. En verano me tocaba seguir estudiando.
Fue en agosto, estando de vacaciones con mi madre y unos amigos. Las piernas, la cara y el brazo izquierdo fueron poco a poco quedándose sin fuerza, tontos. No fue de repente, de un momento a otro. Lo iba notando cada día.
Fuimos a preguntar al neurólogo qué me pasaba y empezaron las pruebas, las resonancias, en el hospital Gregorio Marañón. Los neurólogos lo vieron: era en la cabeza. Pedimos a un amigo, que era anestesista, que me miraran también en el Ramón y Cajal. Estuve ingresada un mes y algo, y lo mismo.
Llegaron también las subidas y bajadas de ánimo, de tanto darle vueltas al coco. Ya no podía con los estudios. Me desahogaba con mi madre, era mi punto de apoyo. Ella callaba, se lo comía y empezó a estar mal. Tuvo que hacer un tratamiento e ingresar, era cáncer. Entonces yo tuve que irme a la residencia.
Marta

Yo también empecé poco a poco,pero fui tonto y no hice caso de los primeros síntomas
ResponderEliminarMarta, gracias por contarnos "lo tuyo" y todo lo demás.
ResponderEliminarPara la gente que te conocemos eres mejor de lo normal, un abrazo y gracias por abrirte y contarnos tu historia por aquí
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