Cuando tenía un año de edad, mis padres y mis cuatro hermanos nos trasladamos a un piso en el Pueblo de Vallecas, donde un año más tarde nacería mi hermana pequeña.
Pasados unos años, ya establecido en el piso nuevo, me fui curando de mi enfermedad a base de inyecciones y la recomendación del médico de tomar aire puro, por entonces muy abundante en mi nuevo hogar. De ello se encargaba mi hermano mayor, mi segundo padre. Vista por los ojos de un niño la nueva vivienda me parecía enorme; a medida que iba creciendo se me hacía más pequeña.
Seguiré con el relato de mi infancia en el momento en que mis recuerdos son más nítidos y claros. Empezaré por mi primer colegio, del cual solo recuerdo que estaba en Atocha. Se llamaba Palacio Valdés. Estaba donde ahora está La Caixa. Era sólo de chicas; pero mi madre consiguió enchufarme porque la directora era prima suya. Mi madre me daba la mano y nos acompañaba hasta la parada del único trolebús, que era como un autobús conectado por un tendido eléctrico, como el tranvía.
Marrupe
Pasados unos años, ya establecido en el piso nuevo, me fui curando de mi enfermedad a base de inyecciones y la recomendación del médico de tomar aire puro, por entonces muy abundante en mi nuevo hogar. De ello se encargaba mi hermano mayor, mi segundo padre. Vista por los ojos de un niño la nueva vivienda me parecía enorme; a medida que iba creciendo se me hacía más pequeña.
Seguiré con el relato de mi infancia en el momento en que mis recuerdos son más nítidos y claros. Empezaré por mi primer colegio, del cual solo recuerdo que estaba en Atocha. Se llamaba Palacio Valdés. Estaba donde ahora está La Caixa. Era sólo de chicas; pero mi madre consiguió enchufarme porque la directora era prima suya. Mi madre me daba la mano y nos acompañaba hasta la parada del único trolebús, que era como un autobús conectado por un tendido eléctrico, como el tranvía.
Poco después empecé a ir a un colegio cerca de casa, le hicieron nuevo. Recuerdo que al salir al recreo no tenía miedo, pues sabía que mis hermanos mayores estaban allí. También recuerdo que mi primer profesor se llamaba Don Rafael. En aquellos había que tratar a los profesores de don y doña. Era un hombre bajito y con una joroba, poco partidario de pegar, cosa poco normal por entonces. El curso siguiente fui a clase de Don Ramón, un hombre alto, poco pelo, con un enorme antojo en un carillo, parecía una mancha de tinta. Usaba mal genio y era muy dado a darnos guantazos. Al año siguiente asistí a clase de Don Arturo, usaba gafas y era de estatura normal. Le gustaba incentivarnos colocándonos por orden de inteligencia. Nos ponía números del 1 al 40, yo era el 3. Ya en mi último año, pues este colegio solo tenía cuatro clases, me tocó ir con Don Joaquín, hombre muy de derechas, que nos hacia formar por las mañanas y por las tardes cantábamos el himno nacional con la letra de José María Peman. Le gustaba pegarnos con una regla en la yema de los dedos. Creo que era un poco sádico.
Esos fueron mis primeros años de escuela. Lo que pasó en el siguiente colegio os lo contaré en próximas vivencias.
Marrupe
Marrupe

Que historion
ResponderEliminarSoy JavierMarrupe. Gracias por leerme
EliminarMe encanta cómo nos relatas el tema, con detalles preciosos como el viaje en trolebús a la escuela y otras vivencias menos buenas como el vivir la pedagogía predemocrática que se estilaba entonces de "la letra con sangre entra"...
ResponderEliminarMarrupe. Como decía la canción eran "Malos tiempos para la lírica"
EliminarEn tú época de colegio teníais que ir con una armadura para protección
ResponderEliminarPues casi,había mucho cafre,disfrazado de maestro
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